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Ocasionalmente nos encontramos frente a situaciones en las cuales algún ser querido se ausenta de nuestro lado. Esto puede suceder por elección propia, estar motivado por circunstancias o simplemente corresponder al normal desenvolvimiento del curso natural de la vida. Dependiendo de la razón para la partida podemos estimar el tiempo que transcurrirá antes del reencuentro, si será este largo o corto; pero aun así puede sentirse una sensación de vacío por la ausencia del ser amado. Conviene recordar que cualquier separación por dolorosa que pudiera ser es solo temporal; es decir en algún momento, por muy distante que pudiera parecer en ciertos casos, las personas vuelven a encontrarse y entonces parece como si nunca hubo ausencia alguna. Aquí se pone de manifiesto que el dolor experimentado por la partida es directamente proporcional al apego sentido hacia la persona que se ausenta. Si tomamos en consideración que cuando las personas se ausentan por elección propia o por circunstancias fuera de su control, en algunas ocasiones esto es motivado por el deseo de superarse y ser mejores, se nos facilita el aceptar su partida puesto que siempre deseamos lo mejor para nuestros seres queridos; y podemos entonces brindarles nuestro apoyo y comprensión para facilitarles a ellos también la travesía. Por otro lado si la partida es definitiva nada podemos hacer para remediarlo, pero podemos reconfortarnos en la idea que desde algún lugar nos observan y algún día nosotros les visitaremos. Es importante tomar en consideración que la ausencia de un ser querido se manifiesta solo de forma física, pues sus recuerdos nos mantienen unidos aún a pesar del tiempo y la distancia. Es decir, estamos tan próximos a la persona que partió como profundos sean nuestros sentimientos hacia ella y cuan compenetrados nos encontremos el uno con el otro. Si los sentimientos que nos unen son recíprocamente profundos y existe un alto grado de compenetración entre ambos es posible sentir la presencia del otro aún a pesar de la distancia; conocer sus estados de animo, emociones y humores como si estuvieran a nuestro lado, pudiendo llegar a confundirse con los propios, y en algunos casos hasta captar sus pensamientos como si fueran nuestros. Podemos ver claramente entonces que cuando el afecto es sincero es también libre, amplio y eterno, la presencia física deja de ser indispensable para expresarlo, y las barreras del tiempo y la distancia se desvanecen para dar paso a un eterno aquí y ahora que se eleva por encima de cualquier circunstancia permitiendo fluir libremente a las más nobles cualidades del ser humano generando de esta manera un ambiente propicio para el crecimiento de todas las personas involucradas. Recordemos las palabras de un gran sabio: ¿Quien ama más a un ave, quien la encierra o quien la deja libre?, Si la amas déjala libre, si regresa a ti siempre fue tuya, de lo contrario jamás lo fue realmente. |
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