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Hubo una vez en la Carpintería una asamblea de herramientas para arreglar sus diferencias. Presidía la reunión el martillo. Al comenzar, la asamblea le pidió la admisión. ¿Razón? Hacía demasiado ruido y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo, a su vez, pidió que se retirara el tornillo; había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante este ataque, el tornillo pide la expulsión de la lija; es muy áspera en su trato y siempre tiene fricciones con los demás. A su vez, ésta pide que sea expulsado el metro; se pasa la vida midiendo a los demás según su regla, como si fuera perfecto. En ese momento entra el carpintero y se pone a trabajar con todos. Aquel día concluyó un lujoso armario.... Cuando se retiro el carpintero, continuó la asamblea de herramientas. Tomó la palabra el serrucho y dijo: "Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos. Pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que dejemos a un lado los puntos flacos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos fuertes". La asamblea encontró que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba consistencia, la lija era especial para quitar asperezas... y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir y hacer cosas de calidad. Y se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos. ¿Acaso será más fácil que las "herramientas" se pondrán de acuerdo a que los "humanos" nos amemos unos a otros como nos pide Jesús? Del Libro: "Cinco minutos de oración" Gracias: Sra. Rosalinda Alonso de Rodríguez |
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